10 motivos para realizar un voluntariado en una ONG

Tú crees que vienes a salvar al Mundo pero lo que vienes es a salvarte a ti mismo.

(Vicente Ferrer)

Son muchas las razones que pueden impulsarnos a querer ser solidarios y las motivaciones de cada uno pueden ser de los más personales y variadas.

En mi caso, se produjeron una serie de acontecimientos y circunstancias que trataré de explicar a continuación. Esas motivaciones personales son precisamente eso: algo subjetivo (e incluso anecdótico) que pueden coincidir o no con la circunstancias de otra persona.

Pero el verdadero motivo de éste post es tratar de explicar los “beneficios objetivos” que a uno le puede aportar el realizar un voluntariado, en éste caso sobre el terreno y en una ONG internacional.

Tratar de ser objetivo basándose en una experiencia personal va a ser muy difícil (si no imposible) y muchas personas no van a estar de acuerdo con lo que exponga, aun así voy a intentarlo. He podido contrastar mi experiencia con otros voluntarios y coincidimos en algunas “experiencias beneficiosas” que es lo que voy a tratar de explicar.

Existen muchos tipos de ONG y de voluntariados, pero yo solamente puedo hablar de mi experiencia: un voluntariado como arquitecto durante 6 meses en una ONG internacional, concretamente en la Fundación Vicente Ferrer en la India.

¿Cómo que “beneficios objetivos” que uno recibe? ¿Es que no se trata simplemente de ir a ayudar a otros que lo necesitan?

Por supuesto, eso es de lo que se trata y eso es lo que hay que ir a hacer. Aun así uno recibe beneficios que le servirán para el resto de su vida.

Hay que tener en cuenta que dejar tu casa e irse a trabajar gratuitamente para una organización en el extranjero (en un país culturalmente distinto y con necesidades básicas a cubrir de todo tipo), durante un largo período de tiempo y de manera continuada es algo que supone un gran esfuerzo personal (dejar atrás familia, amigos o pareja) y un esfuerzo económico (dejar de tener ingresos por un cierto tiempo).

Así que no es algo sencillo de hacer. Aun así, si sientes que tienes que hacerlo sea por las razón que sea, aquí trato de darte algunos motivos más para ayudarte a que acabes de tomar la decisión.

Sin duda para mi mereció la pena y creo que es cierto aquello que dicen que recibes a cambio mucho más de lo que das.

A la vuelta de mi estancia en India, muchas personas me preguntaron de qué me sirvió todo ese esfuerzo. De todas ellas se puede hacer una clasificación en dos grandes grupos: un primer grupo con los que lo preguntaron con una mezcla de verdadera curiosidad y admiración; y un segundo grupo que lo preguntó de forma condescendiente y juiciosa (a la vez que lo preguntaban reflejaban en la mirada su propia respuesta: “has ido allí a perder el tiempo”, “te has ido allí de vacaciones”, “te has ido por que no tenías nada mejor que hacer aquí…”).

Estoy convencido de que el segundo grupo seguirá sin entenderlo después de lo que aquí explique, así que éste post está dedicado al primer grupo.

Mis razones y circunstancias personales:

A mediados del año 2006 hacía un año que había terminado los estudios universitarios. Me encontraba en una fase bastante inestable: trabajaba y a la vez estaba tratando de crear mi propio negocio, en España empezaba a estallar la crisis inmobiliaria, hacía poco que acababa de romper con mi novia de toda la vida y salía de fiesta con los amigos muchos días de la semana.

Estaba perdido y me encontraba vacío, buscaba respuestas y un sentido a la vida continuamente.

Entre los libros que leí en esa época hubo dos que me ayudaron especialmente: “El hombre en busca de sentido” de Viktor Frankl y “El arte de la felicidad” de S.S. Dalai Lama y Howard Cutler.

Pero hubo un libro que al cruzarse por mi camino lo cambió todo: “El encuentro con la realidad” de Vicente Ferrer.

Vicente Ferrer fue un hombre que dedicó su vida a ayudar a los demás y a combatir la pobreza en el tercer mundo, especialmente en la India. Su pensamiento me atrapó des del primer momento y su llamada a la acción hizo que quisiera conocerlo en persona y participar de su enorme tarea.

De repente quería dejarlo todo atrás, hacer algo bueno en la vida y ayudar a personas que de verdad lo necesitaran. También quería conocer a personas con esas mismas inquietudes, y que mejor sitio que una ONG que trabajaba sobre el terreno para hacerlo.

Cargado de ilusión y de energía, corté con todo. A finales de 2006, después de tratar de convencer a mis padres que debía hacerlo (lo cual era imposible de lograr en realidad), cogí un avión que me llevaría a la zona más pobre y desértica de India durante los siguientes seis meses.

Tuve el privilegio de conocer en persona a Vicente Ferrer y una de las primeras cosas que me dijo al poco de llegar fue “Tú crees que vienes a salvar al Mundo pero lo que vienes es a salvarte a ti mismo”.

Y tenía razón.

Así es, siendo honesto fuí algo egoísta. Encontré en el voluntariado una salida a mi situación personal. No es algo que me importe admitir o que me haga sentir culpable, y tampoco creo que deba ocultarse.

Tampoco creo que éste hecho deba ser una excusa para no hacer nada, al fin y al cabo, a las personas a las que ayudas no les importa demasiado los motivos por los que lo hagas mientras les ayudes de verdad.

Hay que tener algo claro aunque pudiera parecer una contradicción: para ayudar a los demás uno antes debe estar bien consigo mismo, lo que a veces lleva inevitablemente a pensar primero en uno mismo.

10 motivos beneficiosos al realizar un voluntariado:

1. El encuentro con la realidad:

Enfrentar la idea que uno tiene sobre el Mundo, sobre la pobreza, sobre las ONG y sobre aquello que ve en la televisión con la realidad es un ejercicio del que ya se extraen las primeras lecciones. Se eliminan prejuicios y se cambian ideas preconcebidas, algo que jamás podremos experimentar haciendo un donativo económico desde nuestra casa.

Una de las primeras ideas preconcebidas que eliminé de mi cabeza al llegar a la ONG es el concepto de creer que uno va a “ayudar a los pobres” y todo irá rodado, que en una ONG se tienen recursos y que las personas que la integran son “héroes angelicales”, algo así como: Un grupo con recursos transfiriendo esos recursos a personas que no los tienen.

También llegué a la India pensando que Vicente Ferrer era una especie de semidiós en la tierra, así que nada podía salir mal.

Vicente Ferrer fue un hombre, con virtudes y con defectos, con fortalezas y debilidades, y el hecho de conocerlas me permitió también romper el mito y la idea (irreal) que me había formado sobre él. Y eso fue algo tremendamente liberador y humano, porque nos enseña que todos podemos hacer grandes cosas, incluso con (y a pesar de) nuestros defectos.

No hace falta ser perfecto para hacer grandes cosas en la vida, la perfección no existe. Hace falta ser humano y sacar lo mejor de nosotros mismos, aceptando nuestros defectos sin culpabilizarnos.

Una ONG es un grupo humano y, como en todos los grupos humanos, se suceden momentos entrañables e inolvidables, muestras de amistad, solidaridad, alegría y honestidad pero también existen personas deshonestas, rutina, conflictos internos, discusiones, envidias, odios, cansancio y dificultades.

Hay personas que dedican sus vacaciones para ir a trabajar duro y ayudar a otras personas y también hay personas perdidas que huyen de sí mismas y de los fantasmas que los persiguen en sus mundos (yo formaba parte más bien de éste segundo grupo).

Y lo mismo ocurre con la población del tercer mundo. El hecho que las personas sean pobres o necesitadas no impide que algunas sean también deshonestas e incluso malas personas, algo que cuando uno descubre y se ve allí dedicando su tiempo, invita a volver a su casa al día siguiente.

En cualquier caso, ese encuentro con la realidad de la ONG, vivir en primera persona sus conflictos internos y sus dificultades, es lo que hace que se aprecie el valor de su existencia y el bien que hace por la comunidad local, a pesar de sus imperfecciones.

Una de las frases que mejor define la actitud que uno debe tener en una ONG es una frase en inglés que la mujer de Vicente, Anne Ferrer, tiene enmarcada en una pared de su despacho:

“Expecting the world to treat you fairly because you are a good person is a little like expecting the bull not attack you because you are a vegetarian”.

Creer que la vida te va a tratar bien porque eres buena persona es como creer que un toro no va a envestirte por el hecho de que seas vegetariano.

2. Aprender a surfear en el caos:

Algo que le suele ocurrir a un occidental que nunca ha salido de occidente cuando llega a cualquier zona del tercer mundo es un auténtico estado de shock.

Si además donde se llega es la India, donde los pueblos más pequeños tienen la misma población que las mayores ciudades de Europa, sin normas claras de circulación, sin semáforos, donde los vehículos se abren paso de mayor a menor y a base de claxon, con un ambiente desértico y ácido debido a la polución… uno se siente abrumado por el caos y por la convicción de que morirá en cualquier momento atropellado por un camión o por el descarrilamiento de un tren.

Si a todo eso se le añaden las diferencias culturales, gastronómicas, idiomáticas (el inglés no siempre sirve en todas partes), el déficit de infraestructuras, el calor extremo, los problemas gastrointestinales, las enfermedades tropicales y muchas otras que en occidente están erradicadas, etc. uno puede necesitar de varios días para aclimatarse (en mi caso fueron un par de semanas).

Pues bien, aprender a moverse en ese caos, aprender a fluir con la energía en vez de resistirse a ella, hace que los sentidos se agudicen y que uno vaya ganando confianza ante las situaciones desconocidas. Lo que hace pocos días era caos y confusión (aunque todavía lo sigue siendo), se empieza a saber cómo solventar, se va ganando soltura, se descubren atajos y cómo actuar en cada situación.

De repente se descubre la llave y se percibe el orden en medio del caos.

Esta pequeña superación es algo que puede servirnos de ejercicio para empezar a afrontar muchos otros retos de nuestra vida, cuando al principio no tenemos ni idea de cómo solucionar y que, a medida que vamos viendo que somos capaces de superarlos nos sentimos bien con nosotros mismos. En otras palabras: es una situación que te fuerza a encontrar el Knowhow empresarial a la hora de emprender un negocio de cero.

3. Las virtudes de la vida austera:

A no ser que se trate de una ONG en proceso de creación, las organizaciones consolidadas suelen tener sus propios protocolos de trabajo y horarios.

Es habitual también que al cabo de un tiempo de haber llegado uno perciba que lleva una vida parecida a la que llevaban los monjes en los monasterios, y no por los canticos o las oraciones, sino porque obviamente se suele llevar una vida bastante austera en la que el trabajo ocupa la mayor parte del día.

Dependiendo de las reglas de cada ONG lo habitual será que, durante los ratos libres en los que no estemos trabajando, exista una rutina bastante distinta a la que se suelen llevar en Occidente: poco acceso o ninguno a televisión, internet, prensa, móviles, inexistencia de centros comerciales ni ocio del tipo occidental, etc.

Además los días de trabajo suelen ser de lunes a sábado (o incluso los sietes días de la semana).

Y aunque eliminar éstas cosas de nuestra rutina diaria parezca una tontería hace que se libere mucho tiempo y se busquen alternativas, más clásicas pero a su vez más gratificantes, como por ejemplo:

  • Se tiene más tiempo para leer.
  • Se realizan a diario muchas conversaciones de sobremesa y debates interesantes entre los cooperantes.
  • Al conversar mucho más con otras personas se aprenden cosas nuevas y se conocen otros puntos de vista.
  • Las personas con habilidades desean compartirlas: clases de idiomas, talleres de dibujo y pintura, yoga, cocina, música, baile, deporte, costura, etc.
  • Se goza de la naturaleza y de poblados próximos a la ONG totalmente ajenos al turismo.
  • Se genera una relación estrecha con la población local.

4. Ahorrar dinero:

El modo de vida occidental resulta caro por austera que sea la vida que queramos llevar. Parece sorprendente pero puedes llegar a ahorrar dinero largándote a hacer de voluntario en una ONG. Aunque dejarás de tener ingresos, también dejarás de tener la mayoría de tus gastos por que lo habitual es que la ONG cubra tu alojamiento y dietas (debiendo cubrir por tu cuenta los gastos de viaje hasta llegar a la ONG).

Si actualmente vives de alquiler en un piso puedes dejarlo en cualquier momento y si pagas una hipoteca puedes alquilar tu vivienda durante el periodo en el que vayas a marcharte.

En el tercer mundo existen limitaciones, no lo tenemos todo a disposición como en occidente, así que en ocasiones no te quedará más remedio que conformarte con la situación ahorrando dinero obligatoriamente. Además los gastos accesorios que quieras (y puedas) tener en estos países suelen resultar muy económicos.

5. Contactos que te muestran puertas y caminos antes ocultos:

En una ONG suelen participar un elevado número de personas: trabajadores fijos, voluntarios, cooperantes, colaboradores, visitantes, etc. además del personal local con el que se trabaja. También suele haber bastante rotación de personal, por lo que el número de personas que acabas conociendo suele ser muy elevado.

Se trata de una experiencia muy enriquecedora ya que se conocen perfiles de todas las edades y profesiones, cada una de ellas con sus especialidades, experiencias y maneras de entender la vida.

Durante el periodo de voluntariado (por lo general varios meses) se convive con esas personas y se tiende a coger confianza con muchas de ellas gracias al objetivo común que los une en la ONG y a la rutina dentro de la misma. Son personas que probablemente nunca hubieras conocido en tu rutina de trabajo occidental, y muchas de ellas pueden mostrarte opiniones, puntos de enfoque e incluso soluciones prácticas para la vida que jamás hubieras imaginado antes.

6. Ver tu mundo desde fuera:

Algo tremendamente impactante, y que también supone una auténtica lección, es el cambio de perspectiva que se produce al salir de tu rutina habitual, tu cultura, tus hábitos, etc. De repente las prioridades en el día a día cambian por completo, lo que antes nos parecía imprescindible de repente se vuelve en algo superfluo y viceversa.

Poder salir de tu mundo y de tu zona de confort te permite apreciar lo que puedes tener en tu casa y no valoras lo suficiente (familia, alimentación, sanidad, educación, etc.) o reírte de algunas de las tonterías superficiales que a veces los occidentales consideramos como vitales.

Ese cambio de perspectiva supone también un cambio de dimensión muy didáctico.

7. Un Máster en el tercer mundo:

Nos encontraremos conviviendo con un grupo de personas formadas y especializadas a nuestro alrededor: profesores, médicos, cirujanos, ingenieros, arquitectos, etc. que aplican sus conocimientos de la manera más útil posible.

En el tercer mundo se necesita pasar a la acción y hacerlo de forma eficiente, así que toda divagación teórica que no lleve a resultados objetivos acostumbra a ser descartada.

Suele ocurrir que, por ejemplo, un cirujano mientras en Occidente realiza 10 o 20 operaciones al mes, en una ONG llegue a realizar más de 100 intervenciones.

Algo que me fascinó de mi profesión fue observar cómo, en la arquitectura que se realizaba en la construcción de edificios que promovía la ONG, se seguían aquellos patrones de la arquitectura racionalista que había estudiado en la Universidad: aquella que se originó tras la primera guerra mundial. Fue una arquitectura que priorizó la racionalidad constructiva y la eficiencia en la utilización de los recursos, eliminando la decoración sobrepuesta. El menos es más, la funcionalidad de las formas y de los espacios fue una respuesta vital para la reconstrucción de la Europa devastada por las dos grandes guerras, unas necesidades que derivaron en uno de los mayores movimientos de la arquitectura contemporánea.

Aquellos principios seguían siendo plenamente vigentes en un entorno de escasez económica para realizar grandes proyectos: hospitales, escuelas, viviendas, etc.

Además de vivir la practicidad del conocimiento en estado puro, uno se encuentra aprendiendo cada día un sinfín de cosas nuevas al colaborar estrechamente con un equipo multidisciplinar variado y experimentado.

Algunos ejemplos:

  • Recuerdo fascinado las explicaciones de un ingeniero agrónomo sobre como las plantaciones vegetales que cultivaba, las llamadas wetlands (purificadoras naturales), pueden transformar el agua sucia y contaminada en agua limpia.
  • Otro de ellos participaba en la fabricación de cocinas solares energéticamente autónomas.
  • Proyectos de obtención de biogás mediante la transformación de excrementos de animales.
  • Conversaciones sobre medicina y cirugía aplicada cuando los médicos nos explicaban las operaciones de la jornada en la cantina de la ONG (algo que para el personal no médico resultaba un poco difícil de compaginar con la comida, aun así resultaba tremendamente interesante).

Otra fuente de conocimiento fue el de presenciar el funcionamiento de los oficios: resulta que un occidental cuando tiene hambre abre la nevera o va al supermercado, cuando tiene frio va a la tienda y se compra ropa, y cuando toca la revisión del coche lo lleva al taller. Pero cuando todo eso se tiene que hacer en una ONG uno se encuentra con que alguien recoge lo sembrado para cocinarlo ese día, que un señor elabora la ropa delante de ti, etc. De repente uno es capaz de percibir como los objetos que nos rodean no cayeron un día del cielo y vuelve a conectar con el cómo se hacen las cosas (algo que en occidente hemos perdido y que solo recuerdan nuestros abuelos). Los oficios no están tan presentes para la mayoría de la población occidental al ser una sociedad mucho más tecnificada.

8. Convivir con una nueva cultura:

El intercambio cultural con una sociedad diferente a la nuestra es algo que, por naturaleza, desde siempre nos ha llamado la curiosidad. Algo muy gratificante y que también nos ocurre al viajar, es inevitable que se produzca si estamos lejos de casa. Ese intercambio se intensifica más aún cuando uno se encuentra trabajando codo con codo con la población local. Se rompen prejuicios, se viven situaciones enriquecedoras y se experimentan momentos entrañables como la entrega de una casa a una familia, la inauguración de un hospital o el festival de baile de los niños en una escuela.

El hecho de permanecer un periodo más o menos largo con la población local hace que se vivan sus festividades y celebraciones, se creen vínculos, puedes ser invitado a casa de algún aldeano o colaborador de la ONG para conocer a su familia e incluso asistir a bodas.

9. Aprender a valorar lo importante:

En determinadas situaciones es más fácil identificar lo que es verdaderamente importante en la vida y un contexto idóneo para que reflexionemos sobre ello es en una ONG que trabaja en el tercer mundo. La ansiedad que nos genera en ocasiones el estrés por lo material pasa a un segundo plano y cobran fuerza las relaciones humanas en general y nuestros vínculos familiares en concreto.

10. La disolución del ego y el misterio de la felicidad:

Un tópico que se oye a menudo es aquel de “hacer felices a los demás nos hace felices”. No creo que nunca vaya a encontrarse la causa o la respuesta científica a éste hecho pero la realidad es que es algo cierto.

Además no es que haga falta irse a la otra punta del Mundo para sentirlo puesto que podemos experimentarlo con nuestros familiares, amigos o ayudando a personas necesitadas de nuestra ciudad.

Pero lo cierto es que en el tercer mundo, donde las necesidades básicas se hacen más evidentes y en una ONG donde las tareas para intentar cubrirlas se realizan a diario, uno puede percibirlo de forma más evidente y continuada dadas las circunstancias.

Para mí siempre fue un misterio, e imagino que para Vicente también a pesar de que una de sus frases más utilizada fuera “el misterio es un reto a la inteligencia humana”, algo que inevitablemente volvía a ser una llamada a la acción para resolver todos los misterios de la vida.

En cualquier caso, sentir esa felicidad es la razón de peso principal y por la cual en sí misma ya vale la pena realizar un voluntariado.

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