Let it flow. Impaciencia, ansiedad y otras obsesiones por el éxito.

Siente lo que hace la ola y acepta su energía. Sincroniza y después cabalga con ella.

(Le llaman Bodhi)

Hay personas realmente buenas haciendo lo que hacen ya sea a nivel personal o laboral, en el deporte, en el mundo del arte, la cultura, etc.
Me refiero a aquellos individuos que saben vivir intensamente algún tipo de pasión pero que a la vez gozan del sentido del equilibrio necesario para no perderse en ellas y volverse workaholics, es decir, sin dejar de lado otros aspectos importantes de su vida: vida sana, relaciones afectivas, ocio, educación de los hijos, etc.
Un sentido del equilibrio que les permite:

  • Apasionarse por algo sin perder de vista la utilidad de su pasión: Suelen buscar respuesta a preguntas como: ¿Puedo sacarle un rendimiento económico o es simplemente un pasatiempos? ¿Puede además de apasionarme ayudar a otras personas? ¿Mejorar el Mundo?…
  • Ser planificadores, metódicos y disciplinados: Saben que las cosas no se logran de un día para otro y la mejor manera de conseguir algo es diseñando un buen plan, una buena estrategia y sobretodo manteniéndose disciplinadamente fiel y constante.
  • Encontrar la valentía para pasar a la acción: A pesar de no estar 100% seguros del todo saben que hay un momento en el que las cosas se tienen que intentar asumiendo el riesgo del posible fracaso. No se quedan paralizadas haciendo cálculos y análisis que intentan evitar todos los riesgos posibles (incluso los menores), algo que puede llevar a una inacción que desemboque en nada. A diferencia de éstos, saben asumir ese pequeño “grado de riesgo razonable” que les permite avanzar sin llegar a ser suicidas. Saben además, relativizar los fracasos y valorar lo que van a aprender de ellos.
  • Dedicar esfuerzo solamente a aquello que dependa de ellos: Saben dejar de dar vueltas a aquello en lo que no pueden hacer nada. No permiten que el lamento inútil les distraiga de aquellas acciones que les permitan seguir avanzando.
  • Tener en cuenta los antecedentes y respetar la técnica: Saben de la importancia de formarse y de no dar por sentadas las cosas. Hace tiempo que entendieron que incluso para romper las reglas de lo establecido antes hay que conocer y profundizar en esas reglas.

Muchas de esas personas están en el camino correcto, saben lo que hay que hacer y cómo hacerlo. Los más eruditos han aprendido además a disfrutar del camino y a encontrar la felicidad en él.
¿Cuáles son tus sueños? ¿Una gran casa, un bonito coche, un barco…? ¿Son todos materiales? ¿Tal vez un gran viaje o tal vez vivir viajando? ¿Quizá dirigir una gran empresa, montar un negocio propio…? ¿Ser escritor, artista?… ¿Fundar una ONG que ayude a miles de personas? ¿Ser autor de un gran descubrimiento científico?

Existen personas que gozan de la seguridad de saberse en el rumbo adecuado para “alcanzar sus sueños”. Lo han visualizado, han vivido mentalmente el momento perfecto en el que éstos se hacían realidad.

Sin embargo, de repente algo se tuerce. Somos humanos, tenemos altibajos y no siempre disponemos de la misma constancia, de la misma energía o la misma ilusión.

Saberse en el rumbo adecuado es importante sin embargo no siempre es suficiente en sí mismo.

Debemos además encontrar el equilibrio que nos permita gozar del paisaje, descansar de vez en cuando para recobrar fuerzas, mantener las herramientas que nos permiten seguir en el camino en buen estado, atender nuestras necesidades, etc.

Puede que nos falte tiempo para llegar a todo o que ocurra un hecho inesperado en nuestras vidas que modifique nuestros planes iniciales (tanto si se trata de algo negativo como de algo positivo).

A algunas personas estas situaciones les generan ansiedad, a pesar de ir por buen camino y de estar realizando las acciones adecuadas, la impaciencia por los resultados y por alcanzar el éxito les ofusca.

Entran en una espiral insoportable que no les permite gozar ni del proceso ni del camino, lo que les lleva irremediablemente a abandonar.

¿Qué síntomas nos demuestran que algo no va bien en nuestro viaje?

Cuando tenemos la certeza de encontrarnos en el camino correcto, sabemos qué acciones tomar y cómo llevarlas a cabo: es fácil dejarse llevar por la euforia y caer en la impaciencia. Nos podemos obsesionar en querer empezar a ver resultados y saborear los frutos.

Sin embargo, por muy importante que nos parezcan en esos momentos nuestros objetivos (sean los que sean), debemos atender muchos otros asuntos, respetar los ritmos adecuados y fluir con ellos.

Algunos síntomas negativos pueden ser:

  • No somos capaces de desconectar: Cuando nos obsesionamos con algo: trabajo, problema, negocio, vacaciones, éxito, dinero, amor, pasión, etc. sea lo que sea, si no somos capaces de pensar en otra cosa, especialmente mientras estamos realizando+ otras tareas, eso es un síntoma claro que precisamente lo que más falta nos hace es desconectar un tiempo. Aquello que invade otras parcelas de nuestra vida, especialmente la personal, y que no nos permite concentrarnos ni gozar de nada es dañino para nosotros e incluso para nuestro objetivo mismo.
  • Dejamos de lado los lazos afectivos: Otro de los síntomas claros de que alguna cosa está fallando es cuando pagamos los platos rotos con nuestros seres queridos por ejemplo a través del mal humor, irritabilidad o por ausencia misma. Tener personas a las que querer y que nos quieren es un regalo que no tiene precio, pero el tiempo que compartimos con ellos es inevitablemente limitado, así que nunca deberíamos verlo cómo un obstáculo o como algo que nos quita tiempo. Cuidar de nuestros lazos afectivos no solo va a hacernos más felices, a nosotros y a las personas que nos rodean, sino que además nos va a dar energía para seguir adelante y para superar dificultades.
  • Abandonamos hábitos saludables: De la misma manera, ningún objetivo nos va a compensar nunca lo suficiente por importante que parezca si no mantenemos nuestro cuerpo en forma, tomamos alimentos saludables y evitamos hábitos perjudiciales para nuestra salud. Los hábitos saludables son los primeros que tienden a sacrificarse cuando no encontramos tiempo para alcanzar nuestros objetivos, sin embargo son herramientas vitales que nos dan la energía necesaria seguir avanzando.
  • Hacemos progresos minúsculos a pesar de invertir esfuerzos enormes: Síntoma claro de que nos encontramos bajo presión u obsesión por algo. Si se tienen la sensación de estar dándolo todo y aun así no avanzar casi nada, es que nuestro cuerpo y/o mente necesita un respiro serio.

Aunque parezca lo contrario, en ocasiones la mejor manera de superar los obstáculos que nos impiden llegar a un objetivo es alejándose temporalmente, ya sea para recuperar fuerzas o para encontrar un nuevo enfoque.

¿Cómo aprender a gozar del camino entonces?

Mantenerse constante en el camino adecuado no es fácil, así como tampoco lo es aprender a convivir con la incertidumbre de si realmente estamos en el camino correcto.

Como hemos visto es importante mantener la serenidad durante el trayecto y esforzarse sin llegar a obsesionarse.

Igual de importante es aprender a descansar y desconectar para recobrar fuerzas. En ocasiones la mejor manera de avanzar es sencillamente detenerse, respirar y gozar del paisaje.

El viaje… el viaje aporta la Felicidad… no el Destino

(El guerrero pacífico)

Otras herramientas que nos pueden ser de utilidad:

La filosofía Oriental nos brinda algunas herramientas que pueden ayudarnos en momentos de ansiedad en los que nos obsesionamos por no encontrar la solución a determinados problemas en nuestras vidas, ya sean laborales o personales. Algunas de ellas:

  • La meditación. Permite relajarnos, desconectar, serenar la mente, dejar espacio a ésta para la intuición y que surjan nuevas perspectivas que quizá nos ayuden a resolver determinados conflictos o a encontrar alternativas. Cuando la mente calla surge el verdadero ser.
  • El Tao. El Taoísmo nos enseña que el Universo, la naturaleza y la vida son un flujo en permanente cambio, muy superior al entendimiento del cerebro humano. Por lo tanto, tener la intención de tenerlo absolutamente todo bajo control es un esfuerzo inútil, por mucho que nos empeñemos en ello. La racionalidad, la planificación o la intención son adecuadas en numerosas acciones cotidianas (como por ejemplo calcular la hipoteca, escoger una carrera universitaria, hacer un estudio de mercado para emprender un nuevo negocio o negociar un acuerdo comercial). Sin embargo, el camino del Tao nos muestra que en otras ocasiones es mejor dejarse llevar por el flujo y pasar a “la acción sin intención”: actuar sin obsesionarse con los resultados. En ningún caso debe confundirse esto con una llamada a la pasividad, muy al contrario nos empuja a la acción con esfuerzo pero liberándonos de la culpabilidad de nuestros fracasos. A diferencia de la meditación no requiere de una extrema concentración y puede usarse como herramienta para aumentar nuestra seguridad y confianza.

Mientras que la meditación propone “Todo está en tu interior, libérate de lo externo. Aquí y ahora.”,
el taoísmo dice “Todo lo externo es bueno, déjalo entrar. También allí y siempre”.

La primera requiere un esfuerzo de concentración, el segundo un esfuerzo de fe.

Aunque puedan parecer filosofías opuestas, en realidad se pueden complementar, dos herramientas que pueden usarse en función de la situación y de nuestras necesidades.

Ambas nos ayudan a alcanzar serenidad y a percibir lo bueno del camino, más allá de los resultados, en definitiva, a ser más felices durante el trayecto.

Por el momento la ciencia es incapaz de explicar racionalmente las leyes subatómicas de las que está formada la materia (nosotros incluidos) tal y como se ha reconocido en el ámbito de la mecánica cuántica, y la racionalidad no siempre ofrece respuestas para todo. Algunas quizá se alcancen solamente mediante prácticas y filosofías que la trasciendan.

Saber que no podemos tener toda nuestra vida absolutamente bajo control es liberador y a su vez un estímulo, una llamada a entrenarnos para aprender a vivir mejor y más felices en un entorno siempre cambiante e incierto.

Una actitud parecida a la de un surfista gozando en medio de grandes olas.

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