Now is forever: el poder de la meditación

No te centres en tus ansiedades Obi-Wan, mantén tu concentración en el ahora, dónde debe estar.

(La Guerra de las galaxias)

Sobre meditación se puede encontrar una gran cantidad de información en numerosos libros, blogs, foros, etc. así que ésta práctica se puede iniciar en cualquier momento con un poco de voluntad autodidacta sin necesidad de viajar al Tíbet o de internar en un Áshram indio durante semanas (aunque seguro que esas serían también unas experiencias de lo más enriquecedoras).

Sin embargo, suelen existir entorno a la meditación una serie de connotaciones peculiares, como si se tratara de una práctica solamente para hippies o frikis iluminados.

El otro día discutía con un amigo que me decía que la meditación no era una práctica indicada para todo el mundo si no solamente para aquellos que la necesitan, opinión con la que yo estaba en desacuerdo.

Obviamente cada cuál es libre de hacer lo que le apetezca pero me pareció también que la gente tiene muchos prejuicios al respecto.

La meditación más que una terapia (aunque también puede llegar a serlo) debe entenderse como un hábito saludable como lo puede ser por ejemplo el ejercicio físico.

Existe una especie de aurea mística entorno a la meditación. Por ese motivo he decidido explicar en éste post qué me aporta a mí la meditación y porque creo que es algo beneficioso para cualquier persona (sin necesidad de volverse budista):

Estudios científicos sobre los beneficios físicos y mentales:

  • Algunos estudios científicos han demostrado que algunas técnicas de meditación pueden ayudar a mejorar la concentración, la memoria, la salud emocional y mejorar el sistema inmunitario y la salud en general.
  • Se ha probado efectivo para aumentar el cociente intelectual (presencia abierta y focalización), mejorar la memoria e incluso modificar partes del cerebro como el hipocampo o la ínsula.
  • Entre los beneficios más comunes se encuentran el alivio del estrés y la reducción de la presión sanguínea.
  • Algunos estudios científicos acerca de la meditación zen registraron diferencias significativas entre el funcionamiento del sistema nervioso y cerebral de personas que meditaban regularmente y el de las que no.
  • Un estudio realizado en la Universidad de Melbourne en Australia en 2011 sugiere que el silencio mental obtenido en la meditación puede reducir el estrés laboral y ser una terapia contra la depresión.
  • Otro estudio realizado por Richard Davidson de la Universidad de Wisconsin, reveló que la disciplina de la meditación puede cambiar el funcionamiento del cerebro y permitir alcanzar distintos niveles de conciencia.

Atención plena y sensación de bienestar:

Una de las primeras percepciones que se logran durante una meditación es la atención plena del momento presente, algo que perdura por inercia a lo largo de todo el día.

Liberar nuestra mente de pensamientos permite que percibamos mejor nuestro entorno, cuerpo y conciencia. Percibimos nuestra respiración, nuestro pulso y también lo que nos rodea: detalles de la habitación, el cielo, el Sol… un entorno que siempre estuvo allí pero que nuevamente se percibe como novedad.

Algo parecido se produce cuando viajamos por primera vez a un nuevo país o ciudad: la novedad y la curiosidad por lo nuevo nos hace centrarnos en el lugar y el momento presente con detalle, lo cual es una sensación gratificante ya que nos permite vivir plenamente el momento, y es una actitud recomendable de llevar a cabo de manera constante, incluso cuando no se está meditando.

Hacer desaparecer la preocupación por el futuro, o no atormentados con hechos del pasado, y centrarnos en el ahora es algo que el hábito de la meditación refuerza.

El tiempo deja de existir:

Algo que también se pueden experimentar durante la meditación es la perdida de la noción del tiempo. Dejamos de percibir el paso del tiempo y parece que nos percatemos de que en realidad no existe. Es complicado explicarlo con palabras y es algo que hay que experimentar en primera persona.

Es como si de repente se pudiera intuir lo trascendental y percibir la eternidad.

Se trata también de una percepción que nos produce bienestar y paz interior.

Nada es tan importante ni tan urgente en realidad:

Como consecuencia de relativizar el paso del tiempo, aquello que antes percibíamos como tan urgente y tan importante, de pronto se nos presenta como aquello que realmente suele ser: ni era tan importante ni era tan urgente.

La meditación también nos ayuda a medir lo que es verdaderamente importante en nuestras vidas y hace que nos percatemos de aquello que tenemos y que en ocasiones solemos pasar por alto como por ejemplo: la familia, las relaciones afectivas, la salud e incluso la belleza del paisaje.

Aquello material (así como todo aquello que solamente hace crecer nuestro ego) se percibe como lo que es: algo efímero que produce placer de manera temporal pero que rápidamente deja un vacío en nuestras vidas si no se complementa con otros aspectos.

Cómo practicarla y algunas recomendaciones personales:

No soy ningún experto en la materia, así que lo único que voy a hacer es compartir algo que me ayuda y que me es de utilidad por si también te puede ayudar.

El tipo de meditación que yo practico (aunque existen otros tipos de meditación) es el que trata de detener los pensamientos de la mente. Eso es algo más fácil de decir que de lograr: si lo has intentado alguna vez sabrás que incluso cuando te concentras, a los pocos segundos en tu mente surgen pensamientos de manera involuntaria.

La mente está diseñada para eso, incluso cuando dormimos nuestra mente está generando pensamientos en forma de sueños.

Nuestra mente genera a lo largo del día entre 40 y 60 mil pensamientos y, esos mismos, tienden a repetirse al día siguiente.

¿Pero por qué debo detener los pensamientos? ¿A caso pensar es malo?

Somos seres racionales, pensamos constantemente. Nadie está diciendo que dejes de hacerlo y que te vuelvas un ser irracional que no usa la cabeza para nada.

Sin embargo la mente también se agota, especialmente en determinadas circunstancias estresantes (exceso de trabajo, problemas emocionales, etc). Lo mismo ocurre con determinados pensamientos negativos, fuente de nuestros temores, que no llevan a nada y que casi siempre existen solamente en nuestra mente.

Pensar es bueno y ser racional nos es de gran utilidad en la vida, pero a la vez la mente puede jugarnos malas pasadas y generar pensamientos que nos obsesionan, deprimen, miedos inexistentes que nuestra mente vuelve reales, etc. Algo que probablemente heredamos del pasado debido a la lucha por la supervivencia del ser humano donde ese sistema de alerta nos permitía sobrevivir a los peligros del entorno.

Se produce la paradoja (al menos, para mí lo es) que dejar la mente libre de pensamientos hace que se eliminen los pensamientos negativos, que relativicemos los problemas que nos atormentan y que los veamos desde otra perspectiva. Esa situación incluso puede llevarnos a encontrar la solución de algunos problemas (si es que esos problemas existen en realidad).

La conciencia es anterior a la mente: cuando la mente calla nos permite percibir nuestra conciencia.

¿Cómo lograrlo?

  • Constancia: Meditar es un ejercicio y como todo ejercicio requiere de una práctica constante. Al principio nos va a costar y, si somos perseverantes, poco a poco iremos logrando progresos hasta conseguir convertirlo en un hábito que nos agrade. De la misma manera que ocurre con el ejercicio físico, cuánto más lo practiquemos más fácil nos será mantener el hábito. Lo ideal es practicarlo una vez al día, pero también puede serlo 2 o 3 veces por semana e integrarlo en la rutina, buscar el mejor momento y mantenerlo siempre (al levantarse, antes de ir a trabajar, después de comer, antes de acostarse, etc.).
  • No tengo tiempo: Búscate otra escusa. Solamente 10-15 minutos al día son suficientes para que la meditación sea efectiva y a partir de ese mínimo puedes estar todo el tiempo que desees.
  • Concéntrate en algo en concreto: Como decíamos mantener la mente en blanco es muy difícil. Al principio nos va a ser imposible no pensar en nada y los pensamientos se acumularán en nuestra mente a los pocos segundos. Una buena manera de iniciarse es centrarse en algo. Si no podemos liberar nuestra mente de pensamientos, por lo menos centrémonos en una sola cosa. Ésta puede ser concentrarnos en la respiración, pensar constantemente en ella y solamente en ella. Visualizar cómo el aire entra por la nariz y sale por nuestra boca. Otra forma de concentrarse en algo es ir contando repetidamente en ciclos de 100, por ejemplo. Céntrate solamente en contar y no pienses en nada más.

Concentrarse en ir contando las respiraciones puede ser una buena manera de reducir los pensamientos al mínimo.

  • No te obsesiones: ¿Te suena aquello de “No pienses en un elefante blanco!”? Es muy difícil estar ni siquiera un minuto con la mente en blanco, los pensamientos irán pasando. Es importante que los dejes pasar y que no te obsesiones en que no lo estás logrando. Estate atento, no reprimas los pensamientos, déjalos pasar y vuelve a concentrarte. Durante la meditación irás teniendo instantes en que tu mente estará detenida e instantes en que no, pero ya habrás logrado estar en un estado de relajación y semiinconsciencia que te será beneficioso.
  • Busca un lugar aislado y libre de interrupciones: Se trata de concentrarse lo máximo posible, busca un lugar aislado de ruidos (o con un sonido de fondo agradable, como por ejemplo el sonido del agua) y asegúrate que nadie te va a interrumpir durante el proceso, así que desconecta todos los teléfonos.
  • Ponte una alarma: Es un detalle importante ya que durante una meditación bien realizada se suele perder la noción del paso del tiempo.

Ponerte una alarma hará que no estés pendiente del reloj ni que trates de calcular el tiempo que llevas haciendo la meditación permitiendo que puedas concentrarte plenamente en ella.

  • La música relajante puede ayudar: Obviamente debe ser música relajante y preferiblemente sin letra (música budista, mantras, etc).
  • Espalda recta, ojos entrecerrados y respiración abdominal: Se trata de lograr un estado de semiinconsciencia, solamente de ésta manera podremos controlar de forma plena la mente. Mantener la espalda recta y los ojos entrecerrados ayuda a evitar que nos durmamos si la meditación es larga. La respiración abdominal hará que nos relajemos rápidamente y eliminemos la ansiedad acumulada.
  • Los hábitos saludables también ayudan: Puede sonar a tópico pero no por ello es menos cierto: hacer ejercicio físico y llevar una alimentación equilibrada ayuda a alcanzar con mayor facilidad el estado de relajación y concentración necesario para la meditación. Lo mismo ocurre si llevamos una dieta sana y baja en grasas. A su vez la meditación nos ayuda a serenar la mente y también a lograr, por ejemplo, objetivos físicos que nos propongamos en el deporte que practiquemos. Así pues, se trata de un hábito interdependiente con otros hábitos saludables y que podemos incorporar en la rutina para aumentar nuestro bienestar general.
  • Sigue con la atención plena una vez finalizada la meditación: Aunque hay estados de serenidad y relajación que únicamente se consiguen por medio de la meditación, se puede prolongar su “efecto” mediante la atención plena de nuestro entorno y de nuestros actos a lo largo del día.

Se trata de mantener una actitud que nos mantenga permanentemente en el momento presente, segundo a segundo, por medio de la atención total.

Por ejemplo: si estamos caminando podemos fijarnos en nuestra respiración, el ritmo de nuestros pasos y nuestro cuerpo, fijarnos en los pequeños detalles del lugar en el que estamos, prestar atención a los sucesos que acontecen en la calle (por cotidianos o rutinarios que éstos parezcan nunca van a ser iguales a los del día o instante anterior).

Lo mismo ocurre con la tarea que estemos realizando en cada momento.

Hay que evitar el multitasking y el efecto piloto automático cuando hacemos las cosas de forma mecánica, sin prestar atención y con la cabeza en otra parte.

Evitar la dispersión y focalizar la atención en el momento actual hará que por un lado vivamos con serenidad y plenitud cada pequeño acto, por cotidiano que sea, y por otro lado mejorará el resultado de aquello en lo que estemos envueltos al estar plenamente implicados en ello.

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