Sobre líderes, docentes y tiranos.

Te garantizo que no te haré responsable de nada. Si se enciende, se enciende…

(Apollo 13)

La influencia que ejercen sobre su personal a cargo los líderes de cualquier tipo de organización va a determinar unos resultados inmediatos pero también va a suponer unas consecuencias a largo plazo, tanto en la persona que se ha ejercido esa influencia como en la misma organización.

Estamos hablando de cualquier individuo que ejerza algún tipo de influencia sobre otra, ya sean éstos los máximos responsables de una empresa o los mandos intermedios, dirigentes políticos, líderes sindicales pero también profesores de un colegio, de una universidad o incluso de los padres cuando educan a sus hijos.

Los resultados inmediatos de su gestión no siempre coinciden con los efectos a largo plazo, algo que puede llegar a enmascarar la evaluación de un dirigente y que a la larga puede suponer tanto el fracaso de una organización como, en el caso de la educación, la profunda frustración de una adolescente.

En el caso de los propietarios de una empresa que no deban rendir cuentas a ninguna junta de accionistas o de inversores (como ocurre en pequeñas y medianas empresas) realizar ésta autoevaluación crítica es algo de vital importancia también para el futuro de su organización.

Hasta éste punto nada nuevo, sobre liderazgo hay miles de artículos, libros, cursos, etc.

Sin embargo, en la era de la llamada cuarta revolución industrial han aparecido nuevos perfiles digitales a los cuales es más fácil tener acceso gracias a las nuevas tecnologías, se trata de gurús e influencers que impactan directa o indirectamente sobre las tendencias, los hábitos de consumo y sobre la sociedad en general.

Veamos algunos modelos de liderazgo y la influencia que éstos ejercen, ya sea de manera directa o indirecta.

Docentes

Con el aprendizaje se puede cambiar el carácter de un chico y así el destino de un hombre. 

(El club de los emperadores)

Son de los primeros mentores que van a cruzarse por nuestro camino y su labor es vital para provocar y crear situaciones que estimulen la acción y la creatividad del niño, labor que deberían también ejercer los padres al educar a sus hijos.

No es algo extremadamente difícil ya que los niños son curiosos por naturaleza y básicamente aprenden jugando. Cuando la cosa cambia y se vuelve más compleja es cuando las hormonas van haciendo acto de presencia, se manifiesta la personalidad propia de cada individuo, las carencias y las habilidades que los genes nos hayan proporcionado, la influencia de las experiencias vividas, los conflictos, la rebeldía, etc.

Un docente puede cubrir su expediente sin demasiadas dificultades, pero el verdadero reto para los profesionales de la educación es ir más allá y dejar huella en sus alumnos, transmitir aquello que les va servir para toda su vida.

Entonces ¿cómo definiríamos a un buen docente? ¿Es posible hacerlo?

Debiera ser aquel que sabe sacar lo mejor de cada uno de sus alumnos: genera las condiciones adecuadas para sacar a relucir sus potencialidades, hace lo posible para minimizar sus debilidades (ya sea ejercitándolas o haciendo que su impacto no afecte en el resultado global) y lo hace sentir seguro para que prosiga por sí mismo el camino del aprendizaje.

Los que seguro que no son buenos docentes son aquellos que ejercen su profesión de forma autoritaria o que solamente piensan en su carrera académica o laboral.

Se trata de algo especialmente palpable en la etapa universitaria: algunos catedráticos avalados por su currículum académico o profesional que ejercen la docencia incluso con desprecio hacia los alumnos. Son individuos que transportan su ego allí donde van, pero poco o nada tienen de buenos docentes ya que una cosa es ser un profesional reputado y otra es saber ejercer la docencia y transmitir los conocimientos de forma adecuada.

Un buen profesor debería tener la responsabilidad y el deber de ayudar al alumno a encontrar su propio camino, enseñándole además a apreciar la parte positiva del trayecto, sea cual sea el que haya elegido.

Líderes

Las organizaciones empresariales están cambiando (afortunadamente) y los nuevos líderes entendieron que no se puede ir con el látigo en la mano. Hasta no hace demasiado, el miedo era el mecanismo de gestión más utilizado, siendo todavía un modelo muy extendido hoy en día.

Un buen líder sabe que hacer partícipe de la empresa a sus integrantes, sea cual sea su cargo, va a suponer una mejora en la calidad de vida de sus trabajadores y también en la productividad de la propia empresa u organización, por lo tanto se trata de trazar una estrategia donde todos ganan.

Estamos hablando de implicación y compromiso.

Lo que va a hacer que el integrante de una organización dé lo mejor de sí mismo y se implique al máximo es el nivel de compromiso que tenga con ella. Y cuando éste nivel de compromiso suele ser total es cuando siente que la empresa también es suya, al menos en parte, y que proporcionalmente también goza de los derechos y obligaciones que sus dirigentes.

Contrariamente a lo que suele ocurrir, el sueldo no es el único factor a tener en cuenta (aunque obviamente sea una parte muy importante) y adquieren valor otros incentivos que contribuyen al compromiso con el proyecto empresarial:

  • Libertad: Cuando un empleado se siente libre para tomar sus propias decisiones en su trabajo a su vez se siente responsable de hacerlo lo mejor que pueda.
  • Flexibilidad: Los ritmos de vida de cada persona son distintos y tener flexibilidad de horarios para compaginar el trabajo con su vida personal ayuda a que puedan implicarse mejor en el proyecto empresarial, algunos ejemplos son: horario libre, facilitar la conciliación familiar, el trabajo desde casa, gimnasio en el puesto de trabajo, proporcionar acceso a alimentos saludables, guardería para sus hijos, etc.
  • Objetivos alineados con los de la organización: Cuando se tienen claro los objetivos a lograr y se hace participe al equipo de trabajo, sea cual sea su rango, se entiende cual es el rumbo a seguir y se logra una mayor implicación de todo el conjunto. Se deja de lado el sueldo o el precio/hora para centrarse en lograr unos objetivos que van a beneficiar al conjunto.

Cualquier miembro del equipo debería sentirse más como un socio que como un empleado.

  • Incentivos: Hacer copartícipe al equipo de los beneficios cuando se logran éxitos y, de la misma manera, compartir los fracasos hace que cada integrante se sienta de alguna manera copropietario de la empresa, y nadie se va a implicar más en ella que los propietarios de la misma.
  • Ilusión: Un empleado motivado e ilusionado que se encuentra a gusto en su puesto de va a ser infinitamente más productivo que un empleado que trabaja bajo presión y que se siente amenazado.

Lograr que el espacio de trabajo sea percibido como aquello que permite al empleado realizarse y sacar lo mejor de sí mismo es una de las responsabilidades del buen líder.

 

El buen líder

Otra característica fundamental del buen líder es centrarse en sacar lo mejor de cada uno de los miembros que integra su equipo, sabiendo gestionar las potencialidades y las carencias por separado, controlando su  influencia en el conjunto.

Eso implica conocer a fondo a los empleados y preocuparse de forma sincera por su estado de ánimo, incluso a nivel personal, demostrando que el aspecto humano está por encima del organigrama jerárquico.

De la misma manera, sabe motivar a los miembros de su equipo entendiendo que cada uno de ellos es singular. Se preocupa por el bienestar de los trabajadores y por su opinión: le interesa lo que crean que no se está haciendo bien o se podría mejorar y tiene en cuenta su feedback.

En realidad el buen líder no es tan distinto del buen docente.

No hace falta ser directivo de Google para aplicar éstos hábitos empresariales, se trata de principios sencillos aplicables a cualquier empresa y a cualquier escala.

En cuanto a los gurús… está bien recordar que también necesitan ir al baño

Un gurú es un experto sobre cualquier tema y como tal puede ejercer (incluso involuntariamente) como maestro, guiando e influenciando a muchas personas.

La palabra gurú proviene del hinduismo y significa “maestro espiritual”, siendo una persona importante que mostraba el sendero del yoga, enseñaba las técnicas de meditación y a quien se le pedían consejos.

Actualmente existen gran cantidad de gurús sobre infinidad de temas y no siempre espirituales: económicos, tecnológicos, financieros, coachers, orden del hogar, emprendimiento empresarial, etc.

Su acceso a ellos es fácil, global e inmediato gracias a internet y las redes sociales.

Anteriormente el acceso a los expertos se limitaba a soportes físicos como los libros o las conferencias, algo que podía limitar la velocidad de su divulgación debido a la distancia o a las limitaciones de las editoriales. En la actualidad sin embargo puedes tener acceso a gran cantidad de conferencias sobre cualquier tema ya sean técnicos, científicos, espirituales o de bricolaje del hogar.

Disponer de acceso inmediato a infinidad de gurús es un privilegio de nuestro tiempo, aunque también es importante no perder nuestro propio sentido crítico.

Es importante contrastar la información que nos proporcionan y no tomársela literalmente. A menudo los gurús nos ofrecen más bien un método que a ellos (y quizás solamente a ellos) les ha funcionado para alcanzar sus objetivos que no tienen por qué coincidir con los nuestros ni ser generalizables.

En ocasiones la globalización tiende a diluir factores importantes como son los contextos particulares (geográficos, sociales, económicos, personales, etc). En éste sentido, es importante tener presente que las verdades absolutas no existen y que de cuantos más referentes dispongamos mucho mejor.

Cualquier gurú, como cualquier otro ser humano, va a estar siempre influenciado por un contexto y unas experiencias personales, así como por otros factores como los temores, los anhelos o las ambiciones, algo que inevitablemente en algún momento se va a manifestar subjetivamente en sus enseñanzas.

Como en muchos otros aspectos de la vida, en la variedad y contraste de opiniones se encuentra la riqueza.

Influencers

Un influencer es un individuo que cuenta con una cierta credibilidad sobre algún tema y que influye en las decisiones que toman otras personas sobre determinados aspectos.

Se diferencia del gurú sobre todo en que influye en otros, independientemente de que sea o no un experto, incluso aunque la información que nos proporciona sea inexacta o totalmente falsa.

Por su parte, un gurú es un experto sobre un tema, un sabio y un maestro independientemente de la cantidad de personas en las que ejerza influencia.

Mientras que un gurú se mide por su nivel de conocimiento, un influencer se mide únicamente por su nivel de audiencia.

Ser influencer no es algo bueno o malo en sí mismo, es alguien que influye (voluntaria o involuntariamente) en un número elevado de personas, independientemente de sus valores.

Generan opiniones y reacciones cuando hablan o actúan, algo que pueden usar por ejemplo las marcas y las empresas para sus estrategias de marketing.

Un gurú suele estar por encima de las motivaciones económicas o de las marcas (si tiene que escoger entre alguna optará siempre por la que mejor le ayude a cumplir con sus objetivos, no de la que obtenga mayores beneficios económicos).

Por lo general, suele darse además que los gurús son honestos y tienden a respetar los valores universales (aunque siempre podamos encontrar excepciones), eso no implica que un gurú no pueda convertirse a su vez en un influencer.

En éste sentido, cuanto más experto, honesto e imparcial sea un influencer (es decir, más gurú sea) mayor será su credibilidad y más duradera tenderá a ser su influencia.

La situación óptima para cualquier marca es la de contar con un gurú-influencer del sector con el que tenga los valores e intereses alineados.   

Tiranos

Por desgracia existen también dirigentes que ejercen su puesto de manera despótica y que lo usan como una oportunidad para sacar el mayor provecho de las personas que tienen a su cargo, independientemente del perjuicio que ello les provoque.

De hecho, existen dirigentes a los que incluso les molesta que las personas que tienen a su cargo expresen el más mínimo síntoma de felicidad (si perciben eso tienden a sobrecargarles con más tareas).

Algunos rasgos típicos (no siempre evidentes):

  • Injustos: Monopolizan el éxito y tienden a atribuirse los éxitos del equipo, sin embargo no dudan en culpabilizar y señalar a uno o varios miembros como responsables en los fracasos.
  • Autoritarios: Les gusta ser reconocidos como autoridad, detestan que un empleado les lleve la contraria aun cuando eso podría beneficiar a la organización (especialmente si no es la suya) y cuando atribuyen tareas las consideran órdenes incuestionables.
  • Hipócritas: Aunque despreciables, tienden a ser inteligentes y saben cómo encontrar la manera de esquivar críticas y atribuirse méritos de forma deshonesta, son el clásico lobo con piel de cordero.
  • Manipuladores: Tienen destreza para manipular a las personas que tienen a su cargo, sabiendo contagiarles miedo y presión en función de sus objetivos.
  • Celosos: A la vez tienden a rebajar los éxitos de sus subordinados aun cuando saben que su trabajo es valioso, algo que hacen para evitar que se destaque o por pura envidia porque algún miembro del equipo posea alguna destreza de la que ellos carecen. Odian que alguien a su cargo tenga aptitudes y destaque en algo y, sobretodo, que los demás se den cuenta de ello.
  • Perdonavidas: Ven a las personas a su cargo como alguien que les debe su puesto de trabajo y así les tratará en consecuencia. Utilizan la amenaza de mantener el cargo o el puesto de trabajo para exigir resultados en ocasiones poco razonables.
  • Rígidos: Hacen cumplir a rajatabla lo que consideran y son inmovilistas.
  • Fríos: Suelen despreciar e ignorar las necesidades personales de sus empleados o equipo.

Los tiranos odian a los líderes naturales: aquellos que están reconocidos por su entorno, que ni siquiera necesitan el cargo para ejercer de líderes y que están llamados a ser un buen líder en el futuro.

Envidian sus virtudes e intentan anularlos al sentirse amenazados por ellos.

Algunas consecuencias de la gestión tirana:

  • El personal a su cargo está desmotivado, su rendimiento es bajo y trabajan bajo presión.
  • La conciliación familiar y la calidad de vida personal de sus empleados suele verse afectada, algo que acaba repercutiendo tarde o temprano en la empresa.
  • La organización en la que actúan acaba viéndose perjudicada por sus actos a largo plazo, sin embargo no suelen ser identificados como responsables de ello.

Son personajes que debemos evitar a toda costa, ni siquiera hay que aguantarlos a cambio de un buen sueldo o de lo contrario estaremos justificando la venta de nuestra alma por dinero. Además, es importante para el bien de la organización desenmascararlos, hacer evidente su conducta dentro de la empresa y del sector en el que influyen.

El líder poseído

Existen algunos tiranos que ni siquiera saben que lo son y que ejercen de tirano únicamente en el puesto de trabajo.

Se trata de bellísimas personas, ejemplares en su vida personal, que al llegar a su puesto de trabajo se transforman.

Es recomendable pensar sobre el grado de felicidad que nos proporciona nuestro puesto de  trabajo y cargo, fijándonos a la vez en el de las personas que nos rodean. Si las conclusiones a las que llegamos no nos gustan, puede que sea una buena oportunidad para reflexionar e intentar aprender a ejercer de buenos líderes.

Los eternos rivales y otros compañeros de trabajo

Los eternos rivales son aquellos individuos que tienen una influencia molesta sobre nosotros o nos generan algún tipo de conflicto pero que, en función de la situación, podemos llegar a aprovechar su existencia para aprender y evolucionar.

Los llamamos rivales porque no estamos directamente a su cargo aunque nos influencian indirectamente, generalmente de forma negativa. No tenemos más remedio que convivir porque se cruzan de vez en cuando en nuestro camino, aunque su influencia no nos afecta excesivamente en el día a día. A diferencia de los tiranos (los cuáles tenemos por encima en la jerarquía y ejercen una influencia dañina y constante sobre nosotros) ante el eterno rival no nos encontramos tan indefensos ya que estamos en posiciones parecidas.

De alguna manera éstos nos pueden ayudar a crecer, estimularnos para mejorar nuestras aptitudes y evitar así sus efectos en nosotros. Podríamos incluso llegar a considerarlos como algo bueno: aquel ente que nos hace la competencia, algo que nos hace estar en forma y a no dormirnos en los laureles.

Por otra parte, hacen también que se active nuestro espíritu autocrítico: solemos odiar a aquellos en quienes identificamos debilidades o rasgos propios y que detestamos de nosotros mismos.

A diferencia del tirano (que es una persona tóxica que nos deja sin energía y al que hay que combatir con todas nuestras fuerzas) el eterno rival es alguien que nos puede hacer evolucionar a largo plazo.

El enemigo es el elemento necesario para practicar la paciencia. Sin su oposición no pueden surgir la paciencia o la tolerancia. Normalmente, nuestros amigos no nos ponen a prueba ni nos ofrecen la oportunidad de cultivar la paciencia; eso es algo que sólo hacen nuestros enemigos. Así que, desde este punto de vista, podemos considerar a nuestro enemigo un gran maestro, y reverenciarlo incluso por habernos proporcionado esa preciosa oportunidad.

(Su Santidad Dalai Lama y Howard C.Cutler “El arte de la felicidad”)

¿Tienes en cuenta los distintos modelos de liderazgo que te influyen a diario? ¿Qué modelo de liderazgo te gustaría tener en tu empresa? ¿Qué modelo ejerces tú cuando lideras?

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