Un buen equipo con una mala convivencia: Inteligencia ejecutiva, inteligencia emocional y creatividad

Se comporta como si tuviera sensibilidad, pero está programado de esa manera para que a la tripulación le sea más fácil comunicarse con él.

(2001: Una Odisea del Espacio)

Como seres inteligentes que somos (aunque pueda parecer todo lo contrario al escuchar las noticias) los humanos disponemos de múltiples capacidades. Éstas han sido definidas, analizadas y categorizadas por los mismos humanos a lo largo de la historia.

Así mismo, según la época y el contexto histórico se ha dado mayor valor a una u a otra. Hubo una época en que la inteligencia cognitiva era la más valorada de todas, llegando incluso a apropiarse de manera única y sesgada de la propia definición de inteligencia. La inteligencia servía para conocer y descubrir el Mundo, dando paso posteriormente a movimientos como el racionalismo.

Después se descubrió y reconoció la importancia de la inteligencia emocional entendiendo la importancia que tienen las emociones propias y ajenas en el ser humano, así como la habilidad para apreciarlas y expresarlas de forma justa.

A diferencia de la inteligencia emocional, la inteligencia cognitiva hace ya tiempo que “perdió terreno”. Una muestra de ello puede ser la obsolescencia de los libros de texto impresos, algo que se está manifestando actualmente en los sistemas educativos de forma global. La edición de libros físicos deja de tener sentido debido a la cantidad y permanente actualización de la información.

Si bien se sigue reconociendo la virtud de la sabiduría, la adquisición de los conocimientos está actualmente al alcance de cada vez más personas en el Mundo y no de unos pocos como antiguamente.

La información se ha vuelto accesible prácticamente de forma global y gratuita a través de internet.

En la actualidad la velocidad de crecimiento y actualización de la información es exponencial, se ha vuelto incontrolable por el propio ser humano.

Ante ese hecho, la capacidad para encontrar y filtrar la información de forma adecuada se está volviendo más necesaria que nunca, más allá de la mera acumulación de conocimientos. Por ello el espíritu crítico, otra capacidad humana, está ganándole el terreno a la inteligencia cognitiva.

Acceder a la información ya no es una dificultad, la habilidad consiste en saber discriminar cualitativamente entre toda la cantidad de información disponible.

La inteligencia ejecutiva

Una de las inteligencias más valoradas des de hace años es a la llamada inteligencia ejecutiva, algo que sigue vigente en nuestros días. Algunos expertos en management la califican como la inteligencia que organiza a todas las demás, algo así como un director de orquestra de todas las capacidades.

La inteligencia ejecutiva es aquella habilidad que permite llevar a cabo las acciones adecuadas para lograr los objetivos aprovechando tanto nuestros conocimientos como nuestras emociones.

Permite hacer realidad las ideas por medio de procesos como:

  • El planteamiento de metas.
  • La planificación.
  • La organización.
  • La flexibilidad.
  • La gestión de la información en la memoria de trabajo.
  • La auto supervisión.

Se trata de una inteligencia valiosa ya que sin ella las nuevas ideas (por muy estimulantes e ilusionantes que sean) nunca se llevarían a cabo.

El poder de la inteligencia ejecutiva reside esencialmente en su llamada permanente a la acción y en la exigencia de resultados, lo cual hace que las cosas ocurran y no se dejen para el día siguiente, algo de vital importancia para la consecución de los objetivos.

En las últimas décadas la inteligencia ejecutiva es la que ha organizado a todas las demás. Las organizaciones tienden a buscar perfiles directivos con una gran inteligencia ejecutiva, capaces de liderar tanto el talento como la empatía hacia los clientes.

Para lograr dirigir éstos procesos, la inteligencia ejecutiva usa una serie de herramientas de control, especialmente de control emocional, tales como la capacidad de no dejarse llevar por la impulsividad inicial.

El conflicto surge cuando nos percatamos de que la inteligencia ejecutiva hace de catalizador y apaga las pasiones que se despiertan en la inteligencia emocional y, de manera muy especial, en los procesos creativos.

Ésta circunstancia, como veremos, puede llegar a ser fuente de polémica en las organizaciones en las que es de vital importancia la convivencia y desarrollo de múltiples inteligencias.

La creatividad

La creatividad surge de la imaginación y engloba varios procesos mentales entrelazados que no han sido completamente descifrados por la fisiología. Así pues, por parte de la ciencia (y de la misma manera que ocurre con la comprensión del cerebro humano) existe un cierto misterio entorno a la creatividad.

Algunas de las características comunes en las personas creativas son:

  • Elevada capacidad intuitiva
  • Introversión
  • Confianza en sí mismas
  • Valor
  • Flexibilidad
  • Alta capacidad de asociación
  • Finura de percepción
  • Imaginación
  • Capacidad crítica
  • Curiosidad intelectual
  • Soltura y libertad
  • Entusiasmo
  • Profundidad
  • Tenacidad

Algunos entornos son poco propicios para el desarrollo de la creatividad y en ocasiones algunas de las herramientas y procesos utilizados por la inteligencia ejecutiva pueden mermar las condiciones para que surja la creatividad. Algunos de estos bloqueos son:

  • Una especialización muy profunda.
  • Racionalismo extremo.
  • Enfoque superficial.
  • Falta de confianza.
  • Motivación reducida.
  • Capacidad deficiente para escuchar.
  • Respeto excesivo por la autoridad.
  • Espíritu no crítico, no observador.

Por otra parte, existe la idea equivocada de que hay una relación directa entre inteligencia y creatividad, sin embargo no todos los sujetos con elevado cociente intelectual elevado son creativos.

A la creatividad le apasiona el riesgo de explorar lo desconocido y tiende a romper con los moldes preestablecidos. Por su parte, la inteligencia ejecutiva se siente cómoda siguiendo la inercia de lo que tuvo éxito en el pasado y suele temer las acciones pioneras y no contrastadas.

La inteligencia emocional

La inteligencia emocional es aquella que nos permite ser conscientes de nuestras propias emociones y de la de los demás. Tal capacidad es muy importante en cuanto a motivación e influencia hacia los demás se refiere.

La inteligencia emocional nos permite:

  • Tomar conciencia de nuestras emociones.
  • Comprender los sentimientos de los demás.
  • Tolerar las presiones y frustraciones que soportamos.
  • Acentuar nuestra capacidad de trabajar en equipo.
  • Adoptar una actitud empática y social que nos brindará mayores posibilidades de desarrollo personal.
  • Participar, deliberar y convivir con todos desde un ambiente armónico y de paz.

Al igual que ocurre con la creatividad, la inteligencia emocional no está correlacionada con el cociente intelectual de los sujetos.

El conflicto entre la inteligencia ejecutiva y la creatividad

Hace ya tiempo que se está librando una batalla que la creatividad siempre ha estado perdiendo.

Mientras que la inteligencia ejecutiva se tiende a buscar para los puestos directivos, la inteligencia emocional para los puestos relacionados con el marketing y las ventas, la creatividad tiende a relegarse al equipo, es decir, al personal que no toma decisiones estratégicas y directivas dentro de la organización.

La creatividad concibe la realización del talento como lo único valioso, algo que la inteligencia ejecutiva no valora de la misma manera y percibe como reemplazable.

Tiene sentido que la inteligencia ejecutiva canalice en acciones concretas el talento para lograr los objetivos, evitando así las distracciones que suelen tener los “soñadores”: aquellos que tienen grandes ideas pero que no se centran en cómo llevarlas a cabo, se despreocupan de los plazos de entrega o de otros aspectos que consideran banales.

Mientras que la inteligencia ejecutiva tiende a obsesionarse por las acciones concretas y los resultados, la creatividad tiende a menospreciar ambas cosas.

Jefes de estado con corbata y directivos de Google en chanclas: la creatividad reclama su sitio en los puestos de mando.

Sin embargo en una era en la que se intuye que la digitalización, la automatización y la Inteligencia Artificial tendrán cada vez más peso en las tareas ejecutivas (también en las directivas y en la toma de decisiones) la inteligencia ejecutiva está empezando a ceder terreno en favor de la creatividad.

Mientras los robots no tengan imaginación o sentimientos, todas aquellas tareas no automatizables ganarán valor en un futuro que ya está llamando a la puerta.

En ocasiones los individuos con elevada inteligencia ejecutiva han menospreciado o temido los perfiles con elevada capacidad creativa al tratarse de procesos que escapan a su control.

La creatividad es una capacidad impredecible debido a la dificultad de obtener métricas y predecir sus resultados.

Se pueden plantear metas, hacer previsiones de resultados y planificar en consecuencia pero no se puede prever la cantidad de creatividad que se va a obtener en un año.

Hasta la fecha lo habitual era que la inteligencia ejecutiva dirigiera las acciones globales y concretas para alcanzar los objetivos, usando la creatividad y la inteligencia emocional para lograrlo. Sin embargo, la tendencia actual parece estar cambiando velozmente ese modelo, tanto a nivel empresarial como a nivel social.

En la llamada era digital, la creatividad parece estar empezando a marcar el rumbo, sin embargo necesita el apoyo de las inteligencias ejecutiva y emocional para encontrar las acciones y los medios necesarios para encontrarlo de forma precisa.

Una inteligencia para gobernarlas a todas

Aunque existen sujetos con capacidades más desarrolladas que otras, nuestra inteligencia no está formada en exclusiva por una de ellas, de la misma manera que no existen sujetos con ausencia total de inteligencia emocional, creatividad o inteligencia ejecutiva.

A pesar de la influencia inequívoca de nuestra genética, todas ellas son capacidades que pueden aprenderse, desarrollarse y regularse en mayor o menor medida.

La creatividad se alimenta de la imaginación pero también de la perseverancia en el trabajo, la constancia, el esfuerzo y la motivación. Existió en el pasado la idea errónea de que la creatividad dependía de una especie de “idea feliz” que llegaba de forma milagrosa a unos pocos genios.

En éste sentido la creatividad puede llegar a incrementarse a base de reiteración, llegando incluso a incrementar las probabilidades de su presencia a base de la planificación de ciertos protocolos y técnicas.

Por lo tanto, la habilidad para equilibrar todas las capacidades, ya sea en uno mismo o en los equipos de trabajo, determinará en buena medida el éxito de los resultados.

De la misma manera que menospreciar la creatividad puede llevarnos a un modelo obsoleto, el desprecio de la inteligencia ejecutiva nos llevará igualmente al fracaso al no disponer de la capacidad para desarrollar las acciones necesarias que materialicen esas ideas innovadoras.

Enlaces relacionados: